El √°ngel de Sodoma (Narrativa n¬ļ 118)

El √°ngel de Sodoma (Narrativa n¬ļ 118) es un libro para descargar gratis en EPUB, PDF y MOBI del autor/a Alfonso Hern√°ndez Cat√°

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El √°ngel de Sodoma (Narrativa n¬ļ 118)

En 1926 Alfonso Hernández Catá publicó El ángel de Sodoma. Se considera la primera enorme novela gay de la literatura cubana. Su personaje principal revela sus inclinaciones eróticas en la mitad de su cerrado ámbito familiar y se enfrentamiento entre las secuelas de su condición personal y lo ineludible:

"A una se√Īal, √°mbas cris√°lidas surgieron dejando en tierra la fea envoltura que embotaba sus formas de distintos colores, y 4 brazos se tendieron hacia los trapecios. Hubo una doble lecci√≥n de estatua beligerante, llevada a cabo de m√ļsculos, de forzadas sonrisas, de emanaciones de juventud vigorosa. Fieras y hombres miraban, con exactamente el mismo ver, el veloz bambolearse de los 2 p√©ndulos humanos. Los verdes, los colorados, los azules, los amarillos lum√≠nicos de los trajes, fund√≠anse en un solo color indefinible, frutal a√ļn. Y, como un eco de aquel movimiento ritmado por el l√°tigo y por el allegro cobrizo de la charanga, personas y bestias cabeceaban, cabeceaban‚Ķ En el final del n√ļmero, el le√≥n y el tigre, rampantes, a uno y otro radical de la l√≠nea transitada por los acr√≥batas, han recibido a los gimnastas entre sus garras, en un abrazo repentino que levant√≥ aullidos de voluptuosa angustia. Y, finalmente, en carrera circular apuntada desde el centro por el domador, la mujer, el hombre y las fieras formaron, a lo largo de pocos minutos, una rueda de v√©rtigo cuyos radios sonoros trazaba la fusta.
Se han quedado largo rato sentados, mientras que salía la multitud, hasta el momento en que las crudas luces de los arcos, que asimismo hacían volatines al radical de los alambres, se extinguieron. Entonces entraron a saludar a los personajes principales de la celebración.
Encogido a lo largo de las muestras, Jos√©-Mar√≠a tuvo un instante entre su mano la tibia de la mujer, la de su compa√Īero de haza√Īa y la del domador. Los invitaron, pr√°cticamente por fuerza, a tomar unas copas de co√Īac y Jaime supo, con j√ļbilo, que en la primera escala de su buque volver√≠an a hallarse. Ahora en la calle, oprimiendo nuevamente el brazo fraterno, vanidosamente interrogativo, el marino pregunt√≥:
‚ÄĒ¬ŅQu√© te ha semejado? Ahora ver√≠as de qu√© manera me miraba. Es una mujer de primera. ¬°Ah, por una hembra de esta manera, si bien hubiese de desembarcarme de diez buques!‚Ķ ¬ŅTe fijaste en sus ojos? ¬ŅEn su boca?
Sin estas 2 √ļltimas cuestiones, la dulce autoridad de Jos√©-Mar√≠a habr√≠ase alzado miedosa, presta a protestar o a persuadir. Pero la contestaci√≥n, apareciendo inmediata en su cabeza, fue tan inopinada, tan turbadora, tan novedosa y pavorosa para √©l mismo, que debi√≥ apretar los labios, seg√ļn acostumbraba a llevar a cabo Isabel-Luisa, a fin de que ni una palabra revelase el hirviente abismo abierto de repente en su conciencia. Jaime iba sobrepasado del propio deseo, y de ah√≠ que no ha podido avisar su estupor ni leer en sus ojos mojados de espanto las contestaciones. Pero su alma deb√≠a grabarlas con trozos de fuego en todas y cada una de sus facciones: "No, no se hab√≠a fijado en la mujer‚Ķ No sab√≠a si era rubia o morocha. Sus cinco sentidos sumados al de la visi√≥n, no hab√≠anle bastado para ver, con todo anhelo, con todas y cada una de las potencias sexys dormidas hasta el momento, sin que su raz√≥n se diese cuenta, a otra secci√≥n. Desde el instante en que √°mbas cris√°lidas dejaron en el suelo la envoltura, un instinto imperativo, adue√Ī√°ndosele de la mirada, borr√≥ completamente la escultura femenina, las fieras, hasta la multitud. Fue un largo y hondo minuto, turbio, lleno de removidas heces de instinto, en el que su raz√≥n, su √©tica, su pudor, sus timideces, su dignidad misma, sintieron reventar bajo ellos una erupci√≥n inmediata y tambi√©n irreprimible. Y en este momento, en la mitad de la calle, dando tropez√≥n que, afortunadamente, Jaime atribuy√≥ a su falta de pr√°ctica de tomar, confes√≥se sin medir a√ļn todo la llegada horrible del hallazgo, que solo el eco del tacto de entre las tres diestras estrechadas persist√≠a en la suya, y que √ļnicamente una figura perduraba en su retina y en sus nervios: la del hombre‚Ķ ¬°La del hombre joven y fornido solamente!"

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